Presentación personal

Dra. (Tico) Clementina LOZZI cursa la carrera en la Universidad de Nápoles (Italia) y trabaja en su tesis doctoral de investigación experimental en el Instituto de Genética de dicha Universidad.

En 1959 presenta su tesis doctoral con el título “Análisis genética de algunos caracteres cuantitativos en Drosophila Melanogaster”.

En 1959 colabora en trabajos de investigación sobre la embriología de Cyclostomas.

En 1960 entra en el Colegio Nacional de Profesores de Roma y gana el concurso nacional convocado por el Ministerio de Cultura Italiano.

En 1979 gana el concurso convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia. En el mismo año imparte clases en Lagos (Nigeria).

Desde 1980 hasta 1993 ejerce como profesora en el instituto italiano “Amaldi” de Barcelona (España).

A partir de 1962 se dedica al estudio del psicoanálisis y de los símbolos.

Desde 1985 vierte todos sus conocimientos de biología en la Terápia Psicobiológica.

“Las tradiciones de los antiguos sabios y filósofos enseñan que el alma (inconsciente) es inmortal. Lo que realmente importa es descubrir qué clase de “memoria” está grabada en nuestra alma y si implica sufrimiento substituirla por otra más agradable que, física, anímica y emocionalmente mejore nuestro estilo de vida.”

Era el año 1985 cuando, gracias al consejo de unos amigos, empecé a experimentar el tratamiento que luego llamé “terapia psicobiológica”. Me había dado cuenta que mi hipótesis funcionaba y decidí dedicarme por completo a desarrollarla sobre un número más amplio de personas, para poder averiguar los resultados con mayor rigor desde el punto de vista estadístico. Constaté, en un primer momento, que el porcentaje de las personas que se curaban de depresiones era muy elevado. A medida que afinaba mi técnica aumentaba también el de los pacientes que se curaban de aquellas enfermedades orgánicas y psicosomáticas para las que la medicina había diagnosticado una cronicidad irremediable.

Quiero aclarar aquí que el tratamiento que yo propongo no es una alternativa a los tratamientos ortodoxos, sino que más bien los complementa porque no trata las enfermedades a nivel molecular como lo hacen los fármacos, sino a niveles mucho más sutiles como los atómicos y subatómicos del cuerpo humano, ofreciendo así una salida más para la curación de enfermedades.

Cuando un paciente acude a mi consulta lo primero que hago es establecer una atmósfera agradable a través de un diálogo cordial. Una sesión suele alargarse una hora y media o dos, según los casos. Empiezo por preguntar los síntomas físicos de sus trastornos, luego pido que me diga cuál ha sido el diagnóstico de los médicos.

Tras haber tomado nota de lo que considero más importante, les explico de forma muy sintética lo que vamos a hacer.

Después pasamos a la parte central de la sesión. El paciente se estira sobre el sofá; la consulta se queda en penumbra, alumbrada tan sólo por una lámpara situada cerca de mi escritorio y empiezo la relajación.

Cuando noto que el paciente está completamente relajado, que su cerebro ha bajado el ritmo de frecuencia de las ondas cerebrales lo suficiente como para poder explorar los “otros pisos” (o los mundos paralelos que los rodea) de la realidad de forma consciente, empieza la siguiente fase de la sesión.

El paciente está relajado y muy próximo al ritmo theta de sus ondas cerebrales, siempre es consciente y dueño de su voluntad.

En la primera sesión no induzco nunca al paciente a que haga una “regresión al pasado” porque no sé todavía ni cuáles ni de qué intensidad pueden ser sus reacciones.

Después de las primeras tres o cuatro sesiones la persona nota que los síntomas de la depresión han mermado de forma notable y, por lo general, su estado de salud mejora sensiblemente.

La realidad y la eficacia de esta clase de tratamiento se demuestra a través de los resultados: la mayoría de la gente se cura y vuelve a vivir una vida mucho más sosegada. Lo más difícil es romper las barreras iniciales de la incertidumbre y de la incredulidad, aunque a veces se superan tras la primera sesiónnada más notar que “algo” está cambiando para mejor.

Buscar la causa del trastorno y/o de la enfermedad a través de las regresiones al pasado. Esta búsqueda abarca desde las experiencias “objetivas” y emocionales sufridas en la vida actual desde la infancia hasta la vida fetal e incluso hasta llegar a vidas anteriores.

En 1998 la doctora Lozzi publica el libro "La Ciencia descubre el Alma", donde habla sobre sus conocimientos y explica interesantes casos reales personales.